Un poco tarde, yo sé que si… pero este relato es para compensar por los días que no voy a estar (voy pa la playa), entonces, el lunes cuando vuelva, y si me da la gana, escribo algo… de momento los dejo con una historia medio salida del esquema tìpico, pero fue para hacer la vara disque más interesante… si les cuadra bien y si no me vale picha…!
Basado en un hecho de la vida real
Jueves, 6:05 de la tarde… el tumulto de gente ilustra fielmente la realidad que se vive en la parada de autobús en la capital… caras largas y aperezadas manifiestan el cansancio de la jornada laboral que busca agónicamente el fin de semana.
Una esperanza manifiesta en los ojos ajenos anuncia lo que muchos querían: a la vuelta de la esquina se vislumbraba la escasa silueta que deja mostrar el cuadrado autobús. Una joven mujer en la fila deja mostrar de su vientre la esperanza de vida futura.
Un recorrido más por parte del automotor, casi perfecto de nos ser por la ubicación estrepitosa que decidió establecer como punto de descanso: 20 metros de distancia del acuerdo de parada fue el motivo suficiente para que las masas alborotadas formaran una estampida por llegar primero al vehículo, aquello era un caos característico de la sabana africana, ¡mujeres y niños primero por favor! ¡Sálvese quien pueda!
El disgusto colectivo era evidente, sin embargo el silencio se apoderó de la escena. Justos por pecadores, pues quienes afrontaron la larga espera por transportarse ahora eran los mismos que de manera indignada, utilizaban los barrotes como amigos del equilibrio.
Otros por su parte, simples mortales se aliaron a la paciencia para soportar la situación, la mujer que cargaba su retoño no era la excepción.
El enojo me envolvió desatando tal ira que el silencio hubiese sido el peor de los pecados en honor a la impunidad.
Ataque certero al chequeador.
-- Aquí es tontera hacer fila, nadie la respeta, por qué estacionan donde no es la parada? Hay personas realizando la fila para que lleguen oportunistas y les quiten sus lugares!
El hombre, que carecía de muchas cualidades para cumplir dicho sustantivo, alzo su raquítica cabeza y con mirada indiferente solo vaciló decir:
-- Y que quiere que haga?
La temperatura subió por encima de la delgada línea roja, y la paciencia sucumbió en una desencadenante palabrería:
-- No tiene huevos? Entonces amarrécelos hijuepta! Exclamé.
--Coma mierda, hediondo! Respondió
--Usted es el responsable de eso, amarrécelos si es que tiene… ¿para qué putas está si no se atreve a hacer ni siquiera lo que le corresponde? Incompetente, inútil de mierda!
El careo continúo por espacio de 30 segundos, tiempo suficiente para que los espectadores hambrientos de sangre satisficieran sus bajos instintos, pero no en demasía como para observar un espectáculo de 4 esquinas.
Abordaje al autobús acompañado de las miradas morbosas de los compañeros de viaje quienes en un par de segundos compartieron un solo pensamiento suficiente para acabar tan peculiar escena: “lo que todos sienten, pero nadie expresa… eso es libertad!”
Sacudámonos un poquito y no seamos tan pendejos por favor!
Ahí se ven…
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